Para muchos el título del siguiente paso del manual puede sonar algo sonso, alguien podría espetarme a la cara: "¡Claro, como si fuera tan fácil!". Pero es que no hay más nada que decir.
Llegó el día esperado, la hora marcada, el minuto que nunca llegaste a imaginar con claridad, pero que fue el motivo de tus noches sin sueño durante las últimas semanas, meses o hasta años; hoy te vas para el carajo, hoy te conviertes en un emigrante a carta cabal, hoy te gradúas de la primera parte del Manual del Emigrante que no Sabe Emigrar.
Puedes buscar en Internet cientos, miles o quizás millones de páginas con consejos especializados para viajantes: "Ponga su billetera en un lugar seguro, preferiblemente un porta documentos abrazado a su cuerpo", "tenga a la mano su pasaporte, lo va a necesitar", "anote los teléfonos que puedan ser vitales para el éxito de su viaje", y un gran etc.
El hecho es que vas a llegar a la gran fecha desbaratado(a), agobiado(a), embotado(a), triste, medio arruinado(a) y en mi caso particular, también llegué enrratonado.
Recuerdan el ofrecimiento para llevarlos al aeropuerto del que hablamos en el paso N°13, pues yo dije sí y cuando nos espabilamos, teníamos una comitiva que nos acompañaría hasta la puerta del avión. Las comitivas sólo hacen más largas y difíciles las despedidas.
¡Sí, las despedidas!
Algo que pensamos ya habíamos dejado atrás, que habíamos superado aunque con muchos daños a nuestra carrocería.
En medio de aquel torbellino de emociones, magnificado además por el montón de rones que me había metido la noche anterior, no atiné a decir nada inteligente cuando llegó el momento y mis seres queridos comenzaron a abrazarme; recuerdo que mis palabras de despedida al mejor amigo que tengo en la vida, mi papá, fueron: "No inventes".
¡No inventes!
¿Qué carajo significa esa vaina? ¿No inventes qué? ¿Cuándo y cómo?
La cara de mi papá fue un poema.
Amigos y amigas; tomen este consejo simple: Eviten las comitivas y mucho más aún, despídanse una sola vez.
Yo recomendaría hacer la una lista de las cosas que necesito e iría tachando cada línea en la medida en que avance el proceso y búsquense algún blog o alguna página Web que les indique el camino en términos de logística y obviamente tener sus documentos, pasajes y dólares a la mano. También haría una lista de las cosas que debo y quiero decirle a quienes me acompañen, sólo para evitar otra épica frase como mi "¡No inventes!".
Al final, sólo váyanse y traten de no mirar mucho hacia atrás, porque si lo hacen corren el peligro de arrepentirse o mucho peor, de irse sin marcharse.
Yo, en la personal, no hice nada No me preparé e improvisé muchas cosas. Para cuando llegó el momento de subirme al avión ya estaba tan agotado que dormí como un bebé.
Soñé que decía y hacía las cosas correctamente.
Llegó el día esperado, la hora marcada, el minuto que nunca llegaste a imaginar con claridad, pero que fue el motivo de tus noches sin sueño durante las últimas semanas, meses o hasta años; hoy te vas para el carajo, hoy te conviertes en un emigrante a carta cabal, hoy te gradúas de la primera parte del Manual del Emigrante que no Sabe Emigrar.
Puedes buscar en Internet cientos, miles o quizás millones de páginas con consejos especializados para viajantes: "Ponga su billetera en un lugar seguro, preferiblemente un porta documentos abrazado a su cuerpo", "tenga a la mano su pasaporte, lo va a necesitar", "anote los teléfonos que puedan ser vitales para el éxito de su viaje", y un gran etc.
El hecho es que vas a llegar a la gran fecha desbaratado(a), agobiado(a), embotado(a), triste, medio arruinado(a) y en mi caso particular, también llegué enrratonado.
Recuerdan el ofrecimiento para llevarlos al aeropuerto del que hablamos en el paso N°13, pues yo dije sí y cuando nos espabilamos, teníamos una comitiva que nos acompañaría hasta la puerta del avión. Las comitivas sólo hacen más largas y difíciles las despedidas.
¡Sí, las despedidas!
Algo que pensamos ya habíamos dejado atrás, que habíamos superado aunque con muchos daños a nuestra carrocería.
En medio de aquel torbellino de emociones, magnificado además por el montón de rones que me había metido la noche anterior, no atiné a decir nada inteligente cuando llegó el momento y mis seres queridos comenzaron a abrazarme; recuerdo que mis palabras de despedida al mejor amigo que tengo en la vida, mi papá, fueron: "No inventes".
¡No inventes!
¿Qué carajo significa esa vaina? ¿No inventes qué? ¿Cuándo y cómo?
La cara de mi papá fue un poema.
Amigos y amigas; tomen este consejo simple: Eviten las comitivas y mucho más aún, despídanse una sola vez.
Yo recomendaría hacer la una lista de las cosas que necesito e iría tachando cada línea en la medida en que avance el proceso y búsquense algún blog o alguna página Web que les indique el camino en términos de logística y obviamente tener sus documentos, pasajes y dólares a la mano. También haría una lista de las cosas que debo y quiero decirle a quienes me acompañen, sólo para evitar otra épica frase como mi "¡No inventes!".
Al final, sólo váyanse y traten de no mirar mucho hacia atrás, porque si lo hacen corren el peligro de arrepentirse o mucho peor, de irse sin marcharse.
Yo, en la personal, no hice nada No me preparé e improvisé muchas cosas. Para cuando llegó el momento de subirme al avión ya estaba tan agotado que dormí como un bebé.
Soñé que decía y hacía las cosas correctamente.