Como dije al inicio del paso 3, cada emigrante hace el viaje como puede, llevado por sus circunstancias particulares. Lo mismo puede suceder con la selección del destino, lo cual, creo, constituye el siguiente escalón en el proceso.
Para muchos emigrantes hay una sola opción: Irse al país que esté más cerca y donde se viva mejor que en el mío. Una realidad triste pero, ineludible, de nuestro mundo globalizado, las diferencias económicas entre los países; generan mareas humanas de un lado a otro, todos buscan un mejor mañana; por eso los centro americanos van a México y de allí a los Estados Unidos, muchos mexicanos cruzan la frontera como pueden; los africanos van a Europa sin importar cuan rabioso esté el Mediterráneo y así en muchas otras fronteras.
Los cambios políticos y la violencia son los otros factores que mayormente producen olas migratorias, en esta materia creo que los sufridos cubanos son verdaderos expertos.
Pero esto lo sabe todo el mundo, volvamos a lo que nos ocupa.
Para elegir un destino el emigrante ha de ser pragmático; claro que sería fantástico emigrar a Londres, Barcelona o Nueva York, pero quien emigra tiene que ser ante todo realista, por ello, mi único y principal concejo es: ¡Emigra a donde puedas emigrar!
Bien sea porque puedes ir caminando, o porque tu tataratataratatara abuelo fue español o inglés o porque un primo tuyo es el capitán del barco que va a Nueva York; si eso es lo que tienes a mano: ¡Úsalo!
Elige el destino al que te sea más fácil emigrar. Por ejemplo: si te enfrascas en cumplir todos los requisitos que piden los canadienses para vivir en algún territorio, cuya densidad de población es de un habitante cada doscientos kilómetros cuadrados, porque te parece que ese país es fabuloso, pues, es posible que termines perdiendo diez años de tu vida sin que nada pase, mientras todas las razones que te empujan hacia afuera se aglomeran encima tuyo y te aplastan irremisiblemente.
Este paso es tan extenso que voy a tener que sacarle apartes, por ejemplo, cuáles países son los más recomendables para emigrar o cuáles son los requisitos mínimos de todo emigrante (legal, claro está); pero mientras tanto y como ya expresé, se práctico, frío, calculador e interesado; elije con la cabeza y la billetera en una mano, no con el catálogo de algún operador turístico o pensando en la vida cultural.
Eso es muy típico de nosotros los emigrantes que no sabemos emigrar: ¡Creemos que somos turistas! (Esto me lo dijo una buena amiga)
Pero eso es materia de futuros pasos del manual, llegaremos a hablar acerca de eso que llaman el "período de adaptación".
Con el destino seleccionado se puede esbozar nuestro primer PAM: Plan Azaroso Migratorio y luego lanzar la bomba: Hacer pública nuestra decisión de emigrar.
Para muchos emigrantes hay una sola opción: Irse al país que esté más cerca y donde se viva mejor que en el mío. Una realidad triste pero, ineludible, de nuestro mundo globalizado, las diferencias económicas entre los países; generan mareas humanas de un lado a otro, todos buscan un mejor mañana; por eso los centro americanos van a México y de allí a los Estados Unidos, muchos mexicanos cruzan la frontera como pueden; los africanos van a Europa sin importar cuan rabioso esté el Mediterráneo y así en muchas otras fronteras.
Los cambios políticos y la violencia son los otros factores que mayormente producen olas migratorias, en esta materia creo que los sufridos cubanos son verdaderos expertos.
Pero esto lo sabe todo el mundo, volvamos a lo que nos ocupa.
Para elegir un destino el emigrante ha de ser pragmático; claro que sería fantástico emigrar a Londres, Barcelona o Nueva York, pero quien emigra tiene que ser ante todo realista, por ello, mi único y principal concejo es: ¡Emigra a donde puedas emigrar!
Bien sea porque puedes ir caminando, o porque tu tataratataratatara abuelo fue español o inglés o porque un primo tuyo es el capitán del barco que va a Nueva York; si eso es lo que tienes a mano: ¡Úsalo!
Elige el destino al que te sea más fácil emigrar. Por ejemplo: si te enfrascas en cumplir todos los requisitos que piden los canadienses para vivir en algún territorio, cuya densidad de población es de un habitante cada doscientos kilómetros cuadrados, porque te parece que ese país es fabuloso, pues, es posible que termines perdiendo diez años de tu vida sin que nada pase, mientras todas las razones que te empujan hacia afuera se aglomeran encima tuyo y te aplastan irremisiblemente.
Este paso es tan extenso que voy a tener que sacarle apartes, por ejemplo, cuáles países son los más recomendables para emigrar o cuáles son los requisitos mínimos de todo emigrante (legal, claro está); pero mientras tanto y como ya expresé, se práctico, frío, calculador e interesado; elije con la cabeza y la billetera en una mano, no con el catálogo de algún operador turístico o pensando en la vida cultural.
Eso es muy típico de nosotros los emigrantes que no sabemos emigrar: ¡Creemos que somos turistas! (Esto me lo dijo una buena amiga)
Pero eso es materia de futuros pasos del manual, llegaremos a hablar acerca de eso que llaman el "período de adaptación".
Con el destino seleccionado se puede esbozar nuestro primer PAM: Plan Azaroso Migratorio y luego lanzar la bomba: Hacer pública nuestra decisión de emigrar.